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lunes, 31 de octubre de 2011

Yo no estoy gorda, soy de epidermis ancha

Ya sabes cómo van estas cosas. Abrir las puertas de par en par a veces cuesta.  Lo primero es encontrar la zona almohada de tu pecho. Lo segundo, no saber de otra mejor.  Echarnos de menos dos horas y vernos ocho.  Buscar palabras entre tus sábanas y que choquen de frente conmigo. Poco a poco vas comprendiendo que no cualquiera madruga para darte los buenos días. Ni cualquiera sale corriendo detrás de ti por la calle Zamora. Entonces resulta que una tarde de sofá y pizzas si entra en tus planes del viernes.  

Ahora te aferras a otro corazón y esperas tenerlo entre tus dedos durante todo el tiempo posible, hasta el último sistema solar, hasta infinito menos uno. Cuando esperas ser la primera y última carta de la baraja también esperas que ese corazón las juegue todas a una única partida. 



Me regalaste un bote de sonrisas para salir siempre de casa con una puesta. Y una cosa te digo: funciona.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Es que vamos tan despacio andando y tan deprisa en mente

Ayer de madrugada te cortaron las alas. Viste tus plumas descolocadas por el parqué y te dijeron que no volverías a volar... JAMÁS. Crees que todo llega al suelo por su propio peso y parece que el suelo llamó a tu puerta.
Entonces lees en el periódico sobre tu aterrizaje forzoso. Qué pesados, no dejan de repetir "nunca volverá a volar". Y tú, enfadado, sales al mundo que hay detrás de las cortinas lilas. Quieres demostrar a todos que eres valiente.
Que te digan "no puedes" nunca significó que no pudieras. Y con un pequeño brinco, fuiste capaz de ver todas las calvorotas.


Vaya... vuelas. 
Es lo que pasa cuando te dicen "no" y no lo intentas. Que todos se equivocan.



Mi querido Carlis, me acuerdo de ti.

lunes, 13 de junio de 2011

Las sorpresas llegan, pues eso, en forma de sorpresa

Hoy, salí a buscarte por nuestro escondite secreto. Allí donde guardábamos cada recuerdo especial bajo llave, para no perderlos, para tenerlos siempre presentes en una esquina de nuestra vida. ¡Y qué desastre! Un huracán había pasado, dejando todo encharcado del verbo olvidar. Y qué verbo tan feo… Sólo entiende de presente y de futuro, dejando al pasado tan oscuro…